El equipo de Gallardo vapuleó a Nacional por 6-2 y se metió por cuarta vez seguida en las semifinales de la Libertadores. Ahí se las verá con Palmeiras.
¿Qué es sensacional? Sensacional es volver de una cuarentena y que no se note. Entrenar las piernas y la capacidad de resiliencia y mantenerte vigente. Reinventarte cuando el virus, las bajas -físicas y de nivel- conspiran contra el juego y la estructura.
Sensacional es que si te falla Nacho Fernández tengas la capacidad para promover en nivel de elite, cinco estrellas, a Carrascal. Y que el colombiano entonces se convierta en figura en los cuatro partidos de la fase final, remixando fintas de PlayStation con ingenio táctico para desplazar rivales con un golpe de cadera para habilitar o sacudir una red con un revés de botín.
Sensacional es alcanzar, otra vez, las semifinales de una Libertadores. Cuarta vez consecutiva, quinta en una era, la de Marcelo Gallardo, que de por sí ya es magnífica pero cuyo secreto es competir sin permitirse el relax post logro. Con la misma voracidad cada año. Casi un milagro, en esta era de proyectos a largo plazo con rápido vencimiento.
Sensacional es River, en síntesis. Este River. Aunque no luzca ni juegue con la inteligencia artificial del equipo que fue finalista de la Libertadores en 2019 o que arrancó, ya sin Palacios, el 2020. La virtud del vigente equipo de Gallardo es su capacidad para la metamorfosis: pasó de trabajar un 2 a 0 en Avellaneda a ser lúcido y práctico en el primer tiempo en Montevideo, atacando los espacios que dejaba un adelantado Nacional, necesitado de un gol para entrar de nuevo en la serie. Estratégicamente el plan de MG funcionó: si hubo una roja a Rochet fue porque River cortó bien el circuito en el medio y ocupó bien, a partir de ese quite inhibidor de ataques, las zonas deshabitadas con Carrascal y Suárez. El hombre de menos afectó la idea de Giordano y le permitió a River reagruparse. Y aprovechar los flancos. Sobre todo, el izquierdo, banda por la que rompieron el colombiano y De La Cruz para hacer más elástico el resultado.
La ventaja le a River reinventarse en una misma noche para ser un equipo que acabó moviendo la pelota para profundizar y romper incluso maleficios como el de Borré: fue de la sequía al hat-trick en 13’. Aun con desatenciones defensivas producto, en parte, del relax que generaba la diferencia a favor (así llegaron los descuentos), el equipo tuvo tiempo para el despliegue e incluso para el desarrollo de una fórmula incipiente: Zuculini, convirtiendo de 9.
Sensacional. O no tanto: para River, sostenerse es un hábito aun cuando para el resto de los equipos del continente resulte casi una quimera. Sensacional es hacer seis goles de visitante. Y preparar la cabeza para Palmeiras. Para el 2021. Para, otra vez, soñar una Copa.
Síntesis
Nacional: Sergio Rochet; Mathías Laborda, Renzo Orihuela, Agustín Oliveros y Alfonso Trezza; Emiliano Martínez, Gabriel Neves y Carlos Ayrton Cougo; Pablo García, Gonzalo Bergessio y Gonzalo Castro. DT: Jorge Giordano.
River Plate: Franco Armani; Gonzalo Montiel, Robert Rojas, Paulo Díaz y Fabricio Angileri; Nicolás de La Cruz, Leonardo Ponzio, Bruno Zuculini y Jorge Carrascal; Matías Suárez y Rafael Santos Borré. DT: Marcelo Gallardo.
Goles en el primer tiempo: 28m. Carrascal (R), 44m. De la Cruz (R) y 45m. Cougo (N).
Goles en el segundo tiempo: 5m. Zuculini (R), 9m. Rodríguez (N), 21m., 28m. y 35m. Rafael Santos Borré (R).
Cambio en el primer tiempo: 19m. Luis Mejía por Trezza (N).
Cambios en el segundo tiempo: 8m. Santiago Rodríguez por Castro (N) e Ignacio Lores por Bergessio (N), 13m. Milton Casco por Zuculini (R), 22m. Santiago Cartagena por Martínez (N) y Vinicius por Cougo (N), 38m. Santiago Sosa por Ponzio (R), Lucas Pratto por Angileri (R) y Benjamín Rollheiser por Carrascal (R).
Amonestado: Zuculini (R).
Incidencia: 18m. del primer tiempo expulsado el arquero Rochet (N), con roja directa.
Árbitro: Roberto Tobar (Chile).
Estadio: Gran Parque Central (Nacional, de Montevideo)

















































