A través de la narrativa, intentaremos destacar acontecimientos históricos. Para ello, hemos accedido a distintas fuentes de información, desde los relatos de personas, documentos escritos, imágenes y objetos, que dan cuenta de nuestra historia, la de San Pedro de Jujuy. Nuestro intento es compartir hechos pasados y vividos, para que no se pierdan en el tiempo.
En los primeros años de este siglo, Guillermo Cleland Paterson fue el fundador y primer médico director del hospital de Beneficencia de San Pedro de Jujuy, antecesor del hospital actual que lleva su nombre.
En 1908, halló en el raspado de la mucosa bucofaríngea de un enfermo del hospital La Esperanza, una microfilaria. Al año siguiente, en ocasión de una nueva visita del doctor Malbrán, le obsequió los preparados de la microfilaria.
Años después, el profesor Aráoz Alfaro y Biglieri descubrieron la misma filaria en la sangre de un enfermo en la provincia de Tucumán, que denominaron microfilaria tucumana. La innata modestia de Paterson le inhibió de hacer valer la prioridad de este descubrimiento que pudo haber dejado su nombre escrito en otro capítulo de la patología regional argentina.
En 1910, el Laboratorio de Bacteriología de la ciudad de Tucumán estaba acéfala y el doctor Benigno E. Vallejos, presidente del Consejo de Higiene de esa provincia, le ofreció a Paterson su dirección, para colaborar en la Defensa Antipalúdica de ese estado.
El doctor Guillermo Paterson aceptó la propuesta de dirigir una institución de ese carácter, con un laboratorio bien montado y en el que podría continuar sus investigaciones. Por cierto, era distinto del pequeño laboratorio del Hospital La Esperanza, que había usado hasta ese entonces; por otra parte, el sueldo era superior al que percibía en el ingenio. Los hermanos Leach dieron su consentimiento para que se trasladara a Tucumán y le manifestaron que siempre habría un puesto esperándolo.
Así llegó Paterson a San Miguel de Tucumán en 1911. Llevó con él, el laboratorio clínico a la ciudad de Tucumán y con la investigación de los tejidos en los enfermos, dio comienzo al estudio de la anatomía patológica. Halló allí, por primera vez en la Argentina a la “Leishmania brasilensis” agente de la “leishmaniasis cutáneo mucosa americana”.
Su actividad no se redujo al laboratorio, sino que actuó en clínica y cirugía, proporcionando consejo y ayuda a todos los médicos de la ciudad.
Más tarde fundó, con Miguel Lillo y el doctor Vallejos, la revista “Anales del Consejo de Higiene de Tucumán”, primera publicación científica tucumana de aparición cuatrimestral. También tuvo oportunidad de aplicar el Salvarsán o 606, medicamento antiluético que acababa de descubrir Paul Ehrlich, primer fármaco eficaz contra la sífilis. Poseía éste, una complicada preparación previa a su administración, la que gustoso Paterson enseñó a los médicos tucumanos.
Formó parte del primer Consejo de la Universidad de Tucumán. Con Juan B. Terán y Miguel Lillo se constituyeron en los verdaderos pilares de la nueva institución. También cumplió funciones como profesor de bacteriología en la Escuela de Farmacia. El 11 de mayo de 1914, dictó la clase inaugural de la flamante alta casa de estudios, una conferencia magistral que versó sobre un tema de higiene.
En noviembre de 1915, renunció al cargo de director del Laboratorio de Bacteriología y regresó al ingenio La Esperanza donde el médico que lo reemplazaba -Guillermo Rocha- había contraído una terciana maligna (forma más grave de malaria), por lo que debió alejarse del lugar en busca de otro clima.
Los hermanos Leach le asignaron la misma remuneración que recibía en Tucumán y le instalaron un laboratorio moderno con los últimos adelantos en colorantes y reactivos. Paterson continuó con sus investigaciones sobre “leishmaniasis”, enfermedad que era endémica en la zona y se ocupó también de sus vectores, los flebótomos.


















































