A través de la narrativa, intentaremos destacar acontecimientos históricos. Para ello, hemos accedido a distintas fuentes de información, desde los relatos de personas, documentos escritos, imágenes y objetos, que dan cuenta de nuestra historia, la de San Pedro de Jujuy. Nuestro intento es compartir hechos pasados y vividos, para que no se pierdan en el tiempo.
Los hombres volvieron preocupados al despacho del comisario, comenzaron a pensar cómo encarar el asunto. Les surgió la idea de liquidarlo, lo consideraron potable.
El Ñato Sarmiento era incorregible y, además, ahora sus “pellejos” peligraban. Pero, ¿Cómo lo harían? Tendrían que encarar el asunto por su cuenta, sin informar a la superioridad. Tenían conciencia que si a la cosa se planeaba bien no habría mayores problemas.
El momento político les era propicio y el bandido tenía a mal traer a los que mandaban. Un amanecer parecía que lo iban a soltar. Sacaron al “Ñato” de la celda, le ataron las manos a la espalda diciéndole:
— Vamos “Nato”, tenemos que dar un paso, lo sacaron de la comisaría.
Era bien de madrugada todavía estaba oscuro. El “Nato” sabía que sus contactos no lo podían fallar.
— Me sacan al alba para que no sea pública mi liberación, pensó casi contento.
Los otros tres no decían palabra.
No le gustó, que además de las armas de cintura, el cabo -que tenía fama y era un excelente tirador- llevara un Winchester en la mano. Una mala espina le cruzó por la mente. Pero muy seguro estaba de sí: -que con el “Ñato” Sarmiento, nadie se mete en serio impunemente-, y se tranquilizó.
Era un tibio amanecer de setiembre. Una tenue claridad coronaba la Sierra de Santa Bárbara.
Sarmiento hizo unas flexiones antes de subir al Ford para desentumecerse.
— Dale “Ñato”! Trepá rápido!, ya vas a tener tiempo para aflojar las tabas, le dijo el cabo, dándole un empujón hacia el asiento de atrás. Lo colocaron en medio de él y del comisario, el otro ocupó el volante.
Entonces, por la calle Rogelio Leach llegaron a Sarmiento y enfilaron camino al cementerio. Nadie había en las calles, reinaba un gran silencio, roto sólo por el acompasado pistoneo del Ford.
Bordearon el cementerio por la derecha, porque detrás del mismo, nacía el viejo camino de la Standard Oil Company. Siguieron hasta el arroyo de los picnics. Era todavía oscuro cuando el coche se detuvo y bajaron sus ocupantes.
— Bueno Ñato, podés irte. Creo que ésta te sirvió de lección y ya no harás más fechorías. Dale, ¡caminá!, le dijo el accidental comisario.
El auto tenía el motor en marcha y los faros alumbraban el camino. El lugar estaba desierto, porque por allí no vivía nadie en ese entonces.
Sarmiento dijo a media voz, más para ellos que para la policía:
— Ya me las pagarán, ¡hijos de p…!
Lo acompañaron el comisario y el chofer unos metros delante del autor, bien por el medio del camino, perfectamente iluminado por los faros y rodeado por un tupido monte.
A los diez metros, bruscamente, los acompañantes saltaron hacia los costados y se tiraron al suelo. Sarmiento comprendió la maniobra al instante. Era una décima de segundo lo que el “Ñato” tenia a su favor. Se agachó y enfiló como loco hacia el monte.
Allí fue cuando sonó el primer disparo. El “Ñato” no sintió nada, pero salió impulsado por una formidable trompada invisible y cayó de bruces, con el tórax sumergido en los yuyos de la orilla.
Dicen que recibió otros dos tiros más. Con el primero tenía de sobra, fue perfecto, como tirar al blanco. Le entró por la escápula derecha y le salió por el esternón, causándole la muerte instantánea.
El hecho fue caratulado como: “Tentativa de fuga”. Hubo averiguaciones y ciertas contradicciones en los sucesos, que llevó el asunto a instancias superiores. Los autores sufrieron cortas condenas. El “Ñato” era realmente un problema para la sociedad, y por eso hubo tolerancia en las sentencias para los acusados.
Fuente: Juan Carlos Giménez, Pregón Dominical, año 1982
Foto: La Municipalidad de San Pedro de Jujuy, a través de la Dirección de Turismo, continúa ofreciendo visitas guiadas al Cementerio «Cristo Rey» como parte de su programa de «Necroturismo». En esta oportunidad, participaron los alumnos y docentes de 6to. y 7mo. grado del Colegio «Los Olivos». Durante el recorrido, los visitantes conocieron la historia de personas ilustres de la ciudad, tales como Salvador Canuto Martínez, la familia Zamar, la familia Jure, Félix Chagra (Co-Fundador del Club Atlético San Pedro), los mausoleos de los hermanos Leach, el Dr. Guillermo Cleland Paterson, las almas milagrosas como Chabelita y Ñato Sarmiento, finalizando con el Padre Tarsicio Rubín. Para inscripciones y consultas, los interesados pueden dirigirse a la Oficina de Turismo ubicada en la Planta Baja de la Terminal de Ómnibus.

















































