El papa León XIV participó de la ceremonia oficial de bienvenida en la Plaza Independencia de Montevideo, luego de su llegada a Uruguay, donde fue recibido por el presidente de la República, Yamandú Orsi, autoridades nacionales, representantes de la sociedad civil y miembros del cuerpo diplomático.
En su primer mensaje público en el país, el pontífice propuso una reflexión sobre la responsabilidad hacia los demás, el bien común y la construcción de una sociedad en la que cada persona pueda vivir con dignidad.
Durante su discurso, el Santo Padre tomó como punto de partida el monumento a José Artigas, ubicado en el centro de la plaza, y particularmente las representaciones del éxodo del pueblo oriental de 1811, conocido como La Redota. A partir de aquella marcha, en la que convivían personas de distintas generaciones y condiciones, reflexionó sobre la necesidad de reconocer que todos forman parte de una misma comunidad y tienen una responsabilidad hacia los demás.
Al recordar las palabras de Artigas, “Mi autoridad emana de ustedes y ella cesa por su presencia soberana”, León XIV señaló que la autoridad pública encuentra su razón de ser en el servicio al bien común y debe ejercerse respetando la libertad y la responsabilidad de los ciudadanos. También destacó los 40 años de democracia ininterrumpida que Uruguay cumplió en 2025 y valoró la importancia de las instituciones y de la participación ciudadana.
El bien común y la dignidad humana
El pontífice puso especial atención en la protección de la vida, la familia, la educación y el trabajo. Al referirse a los niños y a las nuevas generaciones, sostuvo que “quien todavía no ha nacido pertenece ya a la familia humana y al futuro de su pueblo”, y recordó que el acompañamiento de la familia y las condiciones sociales adecuadas son fundamentales para acoger y cuidar una nueva vida.
En ese sentido, afirmó que “el futuro de la humanidad se fragua en la familia”, retomando una expresión de san Juan Pablo II. También destacó que la educación debe desarrollar las capacidades de los más pequeños y ofrecerles oportunidades concretas para incorporarse a la vida laboral y contribuir a la sociedad.
Al abordar los cambios tecnológicos y el avance de la inteligencia artificial, León XIV recordó que “el trabajo está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo”. Advirtió que estas tecnologías deben ampliar las capacidades humanas y facilitar las tareas, sin reducir a los trabajadores a “una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo”.
Otro de los ejes centrales de su mensaje fue la atención a quienes atraviesan situaciones de fragilidad. El Papa recordó que la dignidad de las personas no depende de su productividad, autonomía o capacidad de valerse por sí mismas: “La dignidad fundamental de cada persona no se adquiere y no debe ganarse ni necesita ser demostrada”, manifestó.
En referencia a la soledad, la angustia y el suicidio, señaló que la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad son inseparables. “Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia”, afirmó. Reclamó que la atención sanitaria esté al alcance de todos, independientemente de sus recursos, y destacó la misión de la Iglesia de acompañar a quienes sufren, sostenerlos y ofrecerles una esperanza que no se extingue ante las dificultades.
Uruguay, tierra de diálogo y fraternidad
En el tramo final de su discurso, León XIV valoró la convivencia entre personas de distintas procedencias, tradiciones y convicciones, y destacó el papel de la libertad religiosa en una sociedad plural. Sostuvo que el carácter laico del Estado debe garantizar un espacio de convivencia respetuosa entre creyentes y no creyentes, y que las comunidades religiosas pueden contribuir al bien común respetando la autonomía de las instituciones civiles.
También se refirió a la vocación uruguaya de promover la integración regional y la resolución pacífica de los conflictos. En ese marco, alentó a perseverar en el respeto al derecho, la negociación y la búsqueda de acuerdos, como un servicio que el país puede ofrecer a sus vecinos.
Por su parte, el presidente Yamandú Orsi dio la bienvenida al Pontífice y destacó el significado de su presencia en América Latina, una región que, pese a su historia de conflictos y dificultades, constituye hoy “de los pocos rincones del mundo que no tiene guerras entre países”.
El mandatario valoró la pluralidad política y social de Uruguay y señaló que el país ha aprendido a transformar sus diferencias en “un espacio común donde hacer crecer la justicia y la fraternidad”. También reconoció que persisten desafíos importantes, entre ellos la pobreza infantil, los problemas de salud mental de niños y adolescentes y la soledad de los adultos mayores.
Orsi destacó especialmente el aporte histórico de la Iglesia a la sociedad uruguaya, tanto en los barrios como en las cárceles, la educación y el acompañamiento a quienes sufrieron durante la dictadura. Mencionó, entre otras figuras, al padre Mateo, Perico Pérez Aguirre y el padre Cacho, y afirmó: “Tenemos claro, Santidad, que en esta construcción conjunta que es el Uruguay, la Iglesia ha sido un pilar fundamental”.
El presidente también coincidió con el Papa en la preocupación por el impacto de los avances tecnológicos sobre el empleo y la dignidad de los trabajadores. Al citar la encíclica Magnifica Humanitas, destacó la necesidad de recordar que el trabajo no puede ser considerado un mero instrumento, sino que forma parte de la condición humana.
Finalmente, Orsi agradeció el compromiso de León XIV con los derechos humanos, la solidaridad y la paz, y aseguró que Uruguay comparte su apuesta por el diálogo y la solución pacífica de los conflictos. “Para la humanidad, la paz, el diálogo y la negociación son el único camino posible”, sostuvo.

















































