Cualquier nerviosismo que pudo haber tenido el conjunto Xeneize en la previa del partido se desactivó a los dos minutos, con el 1 a 0. Luego de un muy buen intento de Tevez para Capaldo, interceptado por un defensor, el balón le quedó servido a Agustín Almendra, que desde la puerta del área le pegó un fuerte zapatazo, que infló la red del arco que da a la Casa Amarilla.
El segundo tiempo estuvo completamente de más. El partido, sentenciado desde que a los dos minutos Almendra puso el 1 a 0 ante un rival limitadísimo, se hizo eterno. Si el desarrollo de la primera mitad fue a media máquina, el del complemento fue aún más lento. Viendo que The Strongest no tenía elementos para asustar, Boca siguió tocando, pero lejos del área.
A media máquina, Boca finalmente encontró el hueco. Una muy buena habilitación de Cardona para el desborde de Fabra, que midió el momento preciso para cederle el pase atrás a Villa. La conexión colombiana puso el 2 a 0, con aroma a cosa juzgada cuando aun quedan 45 minutos por jugar.
Por un lado, Boca ni siquiera tuvo que esforzarse para anotar el tercer gol. A los 11, Villa encontró algo de espacio para desbordar a toda velocidad, y su centro fue enviado a la red por Valverde, en contra. Con eso, el local le bajó la persiana al juego muchísimo antes del pitazo final del árbitro Gamboa (reemplazó al chileno Roberto Tobar, lesionado al promediar la segunda parte).
El triunfo de Barcelona (3-1 sobre Santos) posiciona al Xeneize en el copón de los segundos. Eso significa que su rival en octavos de final (el sorteo será el martes próximo a las 13) saldrá de los ganadores de cada zona. Ellos son Palmeiras, Inter, Barcelona, Fluminense, Racing, Argentinos, Flamengo o Vélez (juegan entre sí este jueves en Brasil, los de Rio de Janeiro suman 11 y los de Liniers, 9) y Atlético Mineiro.
La clasificación a octavos de final alivia a Boca. Pero no debe engañarse. Sabe que el nivel actual no le alcanza para ilusionarse, que será clave hacer un muy buen mercado de pases. Y que mirar para el costado y desligarse de la obligación de mejorar por el solo hecho de haberse metido entre los 16 mejores puede costarle caro en las próximas instancias.













































