A los 15 años, casi todos los adolescentes argentinos siguen vinculados con la escuela: la asistencia alcanza al 97%. Sin embargo, al mirar qué ocurrió en el recorrido hasta esa edad y qué conocimientos lograron incorporar, la imagen cambia: sólo 19 de cada 100 llegan sin sobreedad y con aprendizajes básicos en Lengua y Matemática.
Sol Alzú, analista de Datos y Política Educativa de Argentinos por la Educación, explicó en Infobae A las Nueve, que el Índice de Resultados Escolares mide “tanto la inclusión como la calidad de los aprendizajes”.
La distancia entre la asistencia y ese resultado final, señaló, permite observar qué pasa con las trayectorias cuando la permanencia en las aulas se analiza junto con los saberes que la escuela busca garantizar.
El Índice de Resultados Escolares (IRE) reúne dos preguntas en un mismo dato: si los estudiantes llegan a los 15 años sin haber repetido y si, a esa altura, alcanzaron los aprendizajes esperados. “Si llegan sin haber repetido”, explicó Alzú, es una de las condiciones que considera la medición.
La asistencia, de todos modos, muestra una cobertura extendida desde el comienzo. “En primer grado es prácticamente universal, el 99%”, afirmó la analista, al describir el punto de partida de la escolaridad obligatoria en Argentina.
Esa presencia se mantiene durante buena parte de la trayectoria. A los 15 años, el 97% asiste a la escuela, una proporción que, según Alzú, representa “la segunda tasa más alta de la región, solamente por detrás de Chile”.
El resultado se modifica cuando se incorpora el desempeño en las evaluaciones y el recorrido escolar previo. “Cuando cruzamos con los aprendizajes, solamente nos quedamos con un 19%”, dijo Alzú sobre el indicador que combina ambas exigencias.
Ese 19% no equivale a decir que el 81% de los estudiantes repitió algún año. El grupo restante incluye trayectorias distintas: adolescentes con sobreedad, estudiantes que no alcanzan los mínimos en una de las áreas evaluadas y quienes reúnen las dos condiciones. “Con ambas condiciones que se cumplan al mismo tiempo”, resumió la especialista sobre el criterio del IRE.
La sobreedad alcanza al 21% y puede tener distintos orígenes
Detrás de una parte de esa diferencia aparece la sobreedad. La tasa en Argentina es del 21%, y una de sus causas puede estar en el ingreso tardío al sistema educativo. “Puede ser porque directamente ingresaron más tarde al sistema educativo”, señaló Alzú.
También inciden la repitencia y las interrupciones. Hay alumnos que dejan de asistir durante un período y, al regresar, se reinscriben en el mismo curso; ese recorrido puede no quedar registrado como repitencia, aunque sí modifica la edad en relación con el año que cursan. “Son todos factores que van sumando a la sobreedad”, afirmó la representante de Argentinos por la Educación.
Del otro lado, el 79% de los adolescentes se encuentra en el curso previsto para su edad. Alzú lo definió de una forma directa: “Está en el curso que tiene que estar con la edad que correspondería”.
La lectura del IRE, por eso, no se agota en cuántos adolescentes permanecen escolarizados. El índice requiere que la trayectoria avance al ritmo esperado y que los estudiantes cuenten con herramientas básicas en las dos materias consideradas. “Tanto la inclusión como la calidad de los aprendizajes”, reiteró Alzú al explicar el alcance de la medición.
Lengua y Matemática son las dos condiciones que evalúa el indicador
En Lengua, el nivel básico se relaciona con la lectura y la comprensión de textos. Los estudiantes deben poder “leer fluido, comprender, entender, resumir, responder preguntas”, enumeró Alzú al referirse a las capacidades que se observan.
En Matemática, las pruebas incluyen contenidos asociados a proporcionalidades y unidades de medida. Entre las dificultades que aparecen, la analista mencionó la posibilidad de “resolver una regla de tres simple”.
Son saberes que, según describió, se abordan antes de la secundaria. “Estamos hablando de algo que históricamente” se enseñó en la primaria, sostuvo Alzú, al ubicar el nivel de los contenidos que se toman como referencia.
Las evaluaciones PISA consideran esas habilidades una base para etapas posteriores de formación y para la inserción laboral. “Los conocimientos o las posibilidades” futuras de los adolescentes, planteó la especialista, quedan vinculados con lo que logren aprender durante la escuela.
El 85% espera seguir estudiando, pero a los 18 a 25 años lo logra la mitad
La expectativa de continuidad es amplia entre quienes tienen 15 años. El 85% proyecta estudiar una vez terminada la secundaria, ya sea de manera exclusiva o junto con un empleo. “Seguir estudiando, ya sea sólo estudiar, estudiar o trabajar”, dijo Alzú al describir esas aspiraciones.
El paso hacia la educación superior o una formación posterior, sin embargo, no se concreta en la misma proporción. Entre los jóvenes de 18 a 25 años, “solamente la mitad lo logra”, afirmó la analista sobre quienes efectivamente consiguen continuar sus estudios.
En paralelo, creció la proporción de estudiantes que finaliza la escuela secundaria. “Los chicos terminan la escuela secundaria, el 75% termina”, indicó Alzú, al distinguir ese avance de los resultados que mide el IRE.
Para la especialista, esa expansión de la terminalidad forma parte de una mejora en la cobertura educativa. “Esta también es una buena noticia y que fue creciendo un montón”, expresó sobre el aumento de los jóvenes que completan ese nivel.
El desafío está en que la ampliación de la escolaridad se sostenga con aprendizajes suficientes. “No debería ser necesariamente” una oposición entre inclusión y calidad, afirmó Alzú, al plantear que ambas dimensiones pueden avanzar en conjunto.
Las reglas de promoción y asistencia cambiaron en las provincias
La repitencia descendió en los últimos años, en un contexto de cambios en las normas de promoción de las jurisdicciones. Alzú lo vinculó con una “flexibilización en los distintos regímenes de las provincias”.
Cada distrito fija sus propias condiciones para pasar de año, desde la cantidad de asignaturas pendientes hasta las instancias de recuperación disponibles. “Cuántas materias se pueden llevar” es uno de los aspectos que definen esos regímenes, indicó la analista.
En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, las inasistencias sin justificar tienen un límite anual de 20. “Este año cambió, son 20”, señaló Alzú al referirse a la regla vigente.
El esquema distribuye ese máximo en cinco faltas por bimestre. La medida apunta a evitar ausencias extensas por viajes durante el ciclo lectivo; “son cinco por bimestre”, explicó la especialista al detallar el funcionamiento del régimen.
El debate sobre las trayectorias también incluye las condiciones de trabajo de los docentes. “Duplicar el salario docente lo transforma en una oportunidad” para el sistema educativo, sostuvo Alzú.
Por último, la analista relacionó los cambios normativos con las herramientas de autoridad dentro de las escuelas. Sobre las consecuencias que pueden tener determinadas medidas, afirmó que “se perdió una de las herramientas que tenía básicamente” el docente.

















































