Santiago Ferrari es un gimnasta jujeño de 22 años, conocido como el “rey del trampolín”, debido a su histórica carrera en la gimnasia en trampolín, donde se convirtió en el primer argentino campeón del mundo en la especialidad de doble-mini tramp (DMT).
Su historia combina la pasión innata, el sacrificio familiar y una enorme resiliencia mental, para romper la brecha que separa a un atleta del interior de nuestro país, de las grandes potencias del mundo.
El descubrimiento
Para entender, Santiago comenzó en la gimnasia a los 3 años en la Sociedad Española de San Salvador de Jujuy, pero su mamá y su abuela lo veían hacer destrezas en las plazas públicas, y decididas a encauzar ese talento, descubrieron un gimnasio donde podría ir.
A los 9 años empezó a entrenar bajo la tutela del profesor Abraham Jure, a quien Santiago lo define como un “segundo padre” y fue el responsable de inculcarle la estricta disciplina necesaria para competir.
La familia como el “sponsor principal”
A diferencia de sus rivales en Europa o Asia, que se dedican exclusivamente al deporte con infraestructura financiada por el Estado, el camino de Ferrari estuvo marcado por las carencias económicas de una disciplina amateur en nuestro país.
Sus padres fueron sus verdaderos pilares: para viajar a su primer Mundial en Dinamarca (2015), tuvieron que endeudarse para costear el viaje. Su papá, que es kinesiólogo, además se encarga de su preparación física.
Más tarde, incluso después de coronarse campeón mundial en Portugal (2023), tuvo que recurrir a la solidaridad de la gente y armar rifas o colectas virtuales en sus redes sociales para costear pasajes de giras internacionales clave, como su viaje a China.
El duro camino al estatus de élite internacional
El año pasado, luego de sufrir una lesión en el tobillo y la presión de la alta competencia, Santiago sufrió un desgaste emocional severo. Llegó a plantearse dejar la gimnasia porque había dejado de disfrutar lo que hacía.
Logró salir adelante con un fuerte trabajo de psicología deportiva y coaching: recuperó la motivación redescubriendo lo que sentía de niño, esa felicidad única que él define como “sentir la cosquillita en la panza y burlarse de la fuerza de gravedad”.
Trabajar, entrenar y estudiar
Santiago trabaja de lunes a sábado de 08 a 16 en un sector de atención y ventas de una empresa en San Salvador de Jujuy. El entrenamiento es exigente: sale de la oficina, y entrena de 16 a 18.30 y luego dicta clases de gimnasia. Finalmente, por las noches cursa la carrera de Administración Agraria de forma virtual.
Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028
El gran objetivo de Santiago Ferrari es clasificar a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, una meta que él mismo pone por encima de cualquier estabilidad financiera o deportiva. Como expresó textualmente en una entrevista reciente: “Que siga metiendo porque todavía no fuimos a los Juegos Olímpicos. Prefiero estar en Los Ángeles 2028 antes que tener la carrera financiada de por vida”.
Próximamente iniciará una gira internacional de un mes por Alemania, España y China. El objetivo de este viaje es medirse con las potencias internacionales y sumar el roce competitivo necesario para empezar a construir su camino hacia la plaza olímpica.
Recientemente, obtuvo la medalla de plata en trampolín sincronizado masculino junto a Tobías Weise en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, quedando a sólo 0.090 puntos de la presea dorada. Su sueño está intacto: clasificar a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.














































