En un sorpresivo y dramático giro en las elecciones presidenciales de Brasil de este domingo, el retador conservador, Flávio Bolsonaro, dio vuelta a todas las encuestas y se impuso en la primera vuelta sobre el presidente Inácio Lula da Silva por una diferencia de 2% de los votos, 47,05% contra 45,13%. “Brasil quiere un cambio”, dijo el ganador. Los sondeos insistían que Lula se impondría en la cita de este domingo, pero marcaban una paridad en la vuelta definitiva, sin claridad sobre el ganador. Esa incertidumbre se mantiene.
Bolsonaro, sin embargo, queda en una posición de ventaja para la segunda vuelta, posiblemente beneficiándose de los sufragios que se dispersaron este domingo de parte de los otros diez candidatos.
En un discurso poco después del sufragio, Lula reconoció que “fue un resultado inesperado” y peleará de “modo limpio” estas tres semanas, prometiendo la victoria y aplaudido y vitoreado por sus seguidores. Sostuvo que no es la primera vez que pierde y rescató el volumen de votantes a su favor. No hizo autocríticas.
En otro resultado significativo, Tarcisio de Freitas, el gobernador derechista de San Pablo, el mayor distrito electoral del país y que concentra la mitad del PBI nacional, se impuso fácilmente en primera vuelta a Fernando Haddad, el ex ministro de Hacienda de Lula y dirigente del PT. El Partido Liberal de Bolsonaro también se impuso en Río de Janeiro, el bunker de esa familia política.
Las elecciones además renovaron la cámara de Diputados y dos tercios del Senado. Encuestas previas que se habrían confirmado anticiparon un crecimiento de todos los partidos que integran el poderoso bloque del Centrao, una alianza informal de partidos de derecha y centro derecha que suelen condicionar al gobierno.
Más de 158 millones de votantes estuvieron habilitados para acudir a las urnas. Las mesas de todo el país abrieron a las ocho, misma hora de Argentina.
La votación registró una significativa abstención de cerca de 21%, superior al 20% de la elección de 2022 que Lula da Silva ganó al entonces presidente Jair Bolsonaro. Ese ausentismo indicaría esta vez un voto castigo contra el mandatario de sus votantes tradicionales de menores ingresos debido a la crisis social que atraviesan.

















































