Beca o subsidio, son dos cosas diferentes, pero que salen desde un mismo patrón, el estado. Por eso las últimas 24 horas pusieron a Diego Hartfield en el ojo de la tormenta luego de que el actual Diputado Nacional por la Libertad Avanza de Misiones defendiera los recortes de asistencia estatal a los clubes de barrios.
Pero lógicamente en estos tiempos que corren, no sorprende que la gente que responde al actual gobierno nacional tenga que salir a defender un modelo económico que cada vez está a la deriva independientemente de esos números y porcentajes de una inflación que, en teoría, sigue en baja, y decimos en teoría porque en la práctica las góndolas de los supermercados reflejan todo lo contrario. Va, el costo del combustible marca los verdaderos precios de una canasta familiar que cada vez es mucho más costosa para la clase trabajadora.
Pero el agravante de respaldar esos recortes llegó desde una persona que en su adolescencia, cuando se debatía entre seguir apostando a una carrera como jugador de tenis profesional o quedarse a hacer un circuito amateur en nuestro país, fue BECADO POR EL ESTADO.
Y si bien durante los intentos de defenderse Hartfield buscó “minimizar” esa ayuda contando que en el Cenard compartió habitación con Agustín Calleri y Guillermo Coria, no se dio cuenta que esa “beca”, “ayuda”, “subsidio”, llámele como quiera, es un dinero que salió del aporte de todos los argentinos y que sirvió para darle de alguna manera una contención permitiéndole a los padres poder sostenerlo en Buenos Aires y después, claro con esfuerzo, sacrificio, disciplina, sumada a las condiciones naturales que tenía, pudo ser tenista profesional y estar entre los 100 mejores del mundo.
Pero sin ese aporte que hizo el ESTADO, Diego Hartfield jamás podría haber llegado a hacer esa carrera destacada que tuvo en un exigente y competitivo, pero caro, circuito ATP.
Y se excusa hablando de “kukas”, “kirchneristas”, “K”, “operetas” y cuántos adjetivos calificativos utiliza, fiel al estilo del presidente, para justificar lo que el propio exdeportista sabe que está haciendo mal.
Pero debe alinearse, por supuesto, con esta ola de recortes que se viene sucediendo y que, antes de ser presidente, Javier Milei anunciaba como “un ajuste que la casta iba a pagar”, y está pasando lo contrario, porque la realidad es otra. La que todos vemos a lo largo de cada uno de los días.
Respaldar la quita de subsidio, beca, ayuda económica o como quiera llamarles a los clubes de barrios, lugares fundamentales y estratégicos para poder contener a los niños, niñas, jóvenes, es quitar el derecho de poder desarrollar una disciplina deportiva e impulsándolos al ocio, las drogas y cuantas cosas en la calle hoy tienen prácticamente al alcance de la mano. Pero no les importa.
















































