Un jujeño que construyó su vida en Brasil
Gustavo Garay es un ejemplo de los miles de argentinos que, empujados por las circunstancias económicas, decidieron buscar oportunidades fuera del país. Con apenas 18 o 19 años dejó Jujuy y comenzó un camino que lo llevó por distintas provincias argentinas hasta instalarse definitivamente en Brasil.
Tras pasar un tiempo en Córdoba y Río Negro, decidió emigrar al país vecino con la esperanza de comenzar una nueva etapa.
“Yo salí de Jujuy con 18 o 19 años. Estuve en Córdoba, en Río Negro y años después decidí venirme a Brasil para intentar una nueva vida, por muchas de las razones por las que muchos migramos, sobre todo la cuestión económica”.
En su llegada a Brasil se instaló primero en la región de los Lagos, una zona turística muy conocida donde se encuentran destinos como Búzios, Arraial do Cabo y Cabo Frío. Sin embargo, la experiencia no fue la esperada.
“Intenté emprender allí, pero no me fue muy bien. Es una región con una economía muy estacional: durante el verano hay mucho movimiento y después el resto del año cae bastante”.
Esa situación lo llevó a buscar nuevas oportunidades en Río de Janeiro, una ciudad donde la actividad económica se mantiene durante todo el año.
Rocinha: una llegada casi por casualidad
Su llegada a la favela Rocinha fue prácticamente accidental, gracias a una persona conocida. Sin embargo, lo que comenzó como algo circunstancial terminó convirtiéndose en su hogar.
“Caí aquí en la Rocinha casi de casualidad, por una persona conocida. Pero la gente me trató tan bien que hasta hoy, después de casi diez años, sigo viviendo aquí y construyendo mi camino desde este lugar”.
Rocinha es considerada una de las favelas más grandes de Brasil y muchas veces aparece asociada a problemas sociales o de seguridad. Sin embargo, Garay asegura que esa mirada es incompleta.
“Es un barrio marginalizado, como muchos otros. Pero así como hay dificultades, también se crean posibilidades. Algo que aprendí aquí es la enorme capacidad de resiliencia que tiene la gente para reinventarse cada vez que aparece un problema”.
La otra cara de las favelas
Según explica, durante décadas la imagen de las favelas fue construida principalmente desde los medios de comunicación, que mostraban casi exclusivamente el lado más conflictivo.
“Durante muchos años los programas de televisión mostraban solo el crimen y la violencia. Eso dejó de lado todo lo bueno que también existe aquí: los proyectos sociales, deportivos, culturales y el trabajo de muchas personas que ayudan a los que tienen menos oportunidades”.
Esa realidad fue la que lo motivó a involucrarse en proyectos comunitarios y, con el tiempo, a trabajar en el turismo dentro de la favela.
Turismo y transformación social
Desde hace unos cinco años, el turismo comenzó a crecer con fuerza en Rocinha, generando una importante actividad económica y también un cambio en la percepción social del lugar.
Garay hoy trabaja como guía turístico y además opera una pequeña agencia que organiza recorridos por la comunidad.
“Antes el turismo iba a Copacabana, Ipanema o Leblon y nos salteaba. Hoy tenemos la posibilidad de que los visitantes vengan directamente aquí y eso genera un aporte económico muy grande”.
Pero el impacto no es solo económico.
“También hay una transformación social y cultural. Cuando el entorno cambia, todo empieza a cambiar junto”.
Cómo es recorrer una favela
Los tours que realiza comienzan en la parte más alta de Rocinha, donde los visitantes pueden observar una de las vistas más impactantes de Río de Janeiro.
Desde allí se pueden ver el Cristo Redentor, el Pan de Azúcar y las playas más famosas de la ciudad.
Durante el recorrido también se visitan distintos proyectos sociales, como uno dedicado a la capoeira, una disciplina que mezcla danza, música y arte marcial.
“La capoeira nació en Bahía durante la época de la esclavitud. Los esclavizados la disfrazaban como danza para entrenarse para la rebelión. Hoy es parte de la cultura brasileña y aquí ayuda a muchos chicos a viajar, aprender idiomas y conocer otras realidades”.
Seguridad y organización
Uno de los puntos que más llama la atención de los visitantes es la organización que existe para garantizar la seguridad de los recorridos.
“Tenemos una aplicación donde registramos a todas las personas que realizan el paseo. Hay seguimiento satelital y monitores que controlan que todo se desarrolle dentro de los trayectos establecidos”.
De esa forma, explica, se logró generar una convivencia que permite recibir turistas con tranquilidad.
Hacer lo que le apasiona
Antes de convertirse en guía turístico, Garay trabajó durante varios años “detrás de escena”, en hoteles y otros espacios vinculados al turismo, mientras aprendía el idioma y se adaptaba al país.
“Los primeros años trabajé detrás de escena hasta dominar el idioma. Después me animé a estar más al frente”.
Hoy disfruta plenamente de su trabajo.
“Ahora hago lo que siempre me gustó: andar por todos lados, conocer gente nueva y compartir esta realidad con quienes vienen a visitarnos. La verdad es que estoy en mi salsa”.
















































