El partido comenzó a pedir de la Scaloneta. Apenas a los 9 minutos del primer tiempo, tras un córner preciso ejecutado por Lionel Messi desde la izquierda, Alexis Mac Allister anticipó a todos en el primer palo y la peinó con una sutileza bárbara, haciendo estéril la estirada de Gregor Kobel. Era el 1-0 y la tranquilidad de golpear primero.
En la segunda mitad, Argentina fue perdiendo el control de la pelota y se replegó peligrosamente. El Dibu avisó dos veces tapando pelotas calientes abajo, pero a los 21 minutos llegó el golpe: Ricardo Rodríguez metió una gran pelota profunda por la banda izquierda para Dan Ndoye, quien definió cruzado, de caño ante el arquero, para poner el 1-1.
El partido se picó y se llenó de dramatismo. A los 26 minutos se dio la gran polémica de la noche: el árbitro portugués João da Silva Pinheiro le mostró la amarilla a Leandro Paredes por una presunta falta, pero el VAR lo llamó por un error de identidad. Al revisar la pantalla, el juez constató que no había existido infracción y que todo era una burda simulación de Breel Embolo. Como el delantero suizo ya estaba amonestado, terminó viendo la tarjeta roja de manera insólita, dejando a su equipo con diez.
La paridad se rompió por puro talento a los 6 minutos del segundo tiempo suplementario. Messi remató, Kobel dio rebote y la jugada se ensució; el Flaco López la rescató y asistió a Julián Álvarez, quien no dudó y desenfundó un derechazo tremendo desde afuera del área que se clavó en el ángulo izquierdo. Un golazo descomunal para poner el 2-1.
Lejos de conformarse, Argentina olió sangre y fue por más ante una Suiza totalmente entregada. Apenas dos minutos más tarde, a los 15′ del STS, Lautaro Martínez capturó un rebote en el área chica tras un disparo previo de Almada y la empujó a la red para estampar el 3-1 definitivo.
















































