Un reciente informe del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Universidad de Buenos Aires (UBA) encendió las alarmas sobre la intimidad de los argentinos: apenas el 33% de los ciudadanos manifiesta sentirse satisfecho con respecto al sexo o a su vida sexual.
En un contexto dominado por el estrés, la hiperconexión y el desgaste de los vínculos, 7 de cada 10 personas reportan algún grado de insatisfacción.
El estudio, realizado sobre una muestra de 2.200 personas de entre 18 y 65 años, muestra cifras contundentes que demuestran que la satisfacción plena es hoy una minoría en el país:
- 15,8%: muy satisfecho.
- 17,45%: algo satisfecho.
- 40,95%: ni satisfecho ni insatisfecho.
- 12,65%: algo insatisfecho.
- 13,15%: muy insatisfecho.
El psicólogo Cristian Garay, coautor del informe, explicó que nos enfrentamos a un doble fenómeno: la disminución de la actividad sexual y un aumento sostenido de la insatisfacción.
Los especialistas coinciden en que las causas son múltiples, pero destacan el impacto de la tecnología y el ritmo de vida actual:
- Tecnología y pornografía: el acceso temprano a contenido erótico genera expectativas irreales, mientras que las redes sociales ofrecen gratificaciones inmediatas que reemplazan el contacto real.
- Estrés y ansiedad: la sobrecarga diaria afecta directamente la libido. «Primero hay que sentirse bien para tener ganas», advierte la Dra. Silvina Valente, del Hospital de Clínicas.
- Falta de comunicación: los testimonios reflejan que el cansancio y la convivencia (especialmente con hijos pequeños) diluyen el deseo, pero el problema central es que las parejas no hablan del tema.
- Bajo deseo fluctuante: los expertos notan que ya no predominan las disfunciones clásicas, sino una desconexión emocional donde el deseo queda «tapado» por la rutina.
La sexóloga Mariana Kersz destaca un cambio cultural importante: «No siempre se trata de tener menos sexo, sino de necesitar cada vez menos sexo». Además, se observa una nueva conducta en las mujeres, quienes hoy se permiten rechazar encuentros con mayor libertad, aunque esto a veces conviva con sentimientos de culpa o temor al rechazo de la pareja.















































